El mundo tan podrido y tu ombligo tan profundo. ¿Dónde estás que no estás donde debieras?
Frío. Fría versión de ti misma quieta, petrificada, estática en mitad del camino, mientras la cámara se aleja.

Y enfurecido, le dijo Zeus que amontona nubes:
"¡Hijo de Japeto, que a todos superas en astucias, te alegras de haber robado el fuego, burlando mis designios! ¡Granazote para ti, y para los hombres venideros! ¡ A ellos, yo, en lugar del fuego, les daré un mal, con el que todos se gocen de corazón, abrazando a la vez su propia ruina!"
(Los Trabajos y Los Días, de Hesíodo)