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Por falta de originalidad, tiempo, etc tomo prestadas algunas de las fotos de mi blog. Para acceder a la página del autor de las mismas solo hay que hacer click sobre ellas.

miércoles, 21 de julio de 2010

Las cosas que no se pueden contar

Estaba plantada de pie, desnuda ante el espejo del baño, contemplándose minuciosamente. Observó unos ojos cansados, sin maquillar, inexpresivos, y un rostro encendido por el estrés de la buena vida. Contempló sus senos caídos y manchados por el sol de forma irregular. Pasó la vista, sin inmutarse, por su cintura y abdomen, menos definidos y más flácidos de lo que le habían parecido nunca. Tenía el vientre hinchado y mal aliento debido al exceso de vino y tabaco durante la cena. Hacía tiempo que no se sentía tan mayor.

Se planteó su fortuna con media sonrisa dibujada en la cara. Pensar en las cosas que se había perdido porque sí, lejos de producirle una pataleta, le ralentizaban el latido de su sien. Era como si una avalancha de impotencia se le hubiera venido encima y, la única forma de no ahogarse fuera estarse muy quieta, callada, tranquila. A la espera.

Aquella lección de humildad, lejos de arruinarle el fin de semana, implicaba que su intuición no estaba tan dormida como ella creía, y, además, resultó ser de gran ayuda para bajar de la nube (sin demasiada violencia) a su ego incontrolable. ¡Será por noches! Esta la dedicaría a contar sus respiraciones.



No se había fijado en él en un principio porque le dio la impresión de que no estaban en la misma acera. Sin embargo, a medida que se iba rompiendo el hielo, sus hormonas despertaron del letargo y repararon en su sonrisa bonita. Tenía unos labios sensuales y un acento que hacía pensar que, en su boca, habitaba una lengua suave y de movimientos sugerentes.

Aunque podía intuirlos, nunca supo la verdad de sus pensamientos porque su timidez irremediable hizo que evitara su mirada constantemente. Se limitó a recostarse en el sillón de aquel monovolumen mientras se apartaba el pelo del cuello y a dedicarle miradas fugaces. Tenía complejo de musa al más puro estilo Clásico (;P).



Horas más tarde se encontraba ante el espejo del baño de su habitación. Una habitación de motel modesta, con una cama demasiado grande para ella sola. Un espacio desaprovechado al completo en el que podría dormir a sus anchas durante un máximo de 3 horas, con la única ilusión de robar el bolígrafo y los caramelos que había en la mesa de noche, junto a la nota de bienvenida.

Este debería ser su mejor momento, pero no era su mejor época.

1 comentario:

Diego Jurado Lara dijo...

Brillante, como siempre, María. Y ee ritmo... Tremendo el final.
(You tube no deja oír la canción del video)
Un beso