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lunes, 23 de febrero de 2009

El bolso de María

El pequeño bolso de María ha comido demasiado. En su barriga hay cosas tuyas, mías, de ella y de los vecinos de al lado.

El muy cochino se tira un eructo, ¡pero cual es nuestra sorpresa al darnos cuenta de que huele a perfume bueno, bonito, barato!

En el pequeño bolso de María hay escondidas muchas miradas. Todas a ella le dijeron "hola" y para el resto estuvieron calladas. Sonrisas aniñadas y estúpidas, gente tierna, queso tierno, chucherías, orquestas, ordenadores, patillas, orejas dilatadas.

En el bolso de María hay un perro, otro perro, una gata, dos piratas, flores, floreros, pijamas, cabellos, caballos, caballas, cobayas. En el bolso de María se extraviaron mil sonrisas y una nota mental, a continuación relatada:


*Entonces un día, casualmente yo estaba donde siempre, haciendo lo de siempre cuando, de repente, me tropecé con tu mirada. Yo, ocupada como estaba me mentí asegurando que la trataba de evadir: "¡Bastante tenía yo con estar guardando la escalera para que no se volara con el viento! Pensaba no usarla en un tiempo, puesto que ya no tenía que volver a pulir el pedestal que había construido en el techo" (tomé aliento después de esto).

Pues me remito a los hechos. En esas estaba, atareada cirujana, cuando tu insistente mirada tocó de nuevo a la puerta de mi nariz, y subió por ella hasta posarse en mis pupilas. Éstas, cohibidas, temblaron y se apilaron, superpusieron o invirtieron en un rincón. ¡Las pobres! ¡Tenías que oír como gritaban "oh no, otra vez no"!*

Fin de la nota mental.

Pero María, ilusionista de profesión, está tranquila mientras sigue llenando su bolso de porquerías, tickets, mecheros, chicles y condones regalados que no tiene pensamiento de usar. Está tranquila porque se escucha una bofetada que retumba en la habitación, que la tira al suelo para que experimente la magia de empezar de nuevo a coleccionar especiales casualidades. Es la mejor manera de evitar que su bolso sufra una indigestión: ¡vómito y posterior atracón!

De esta manera, el bolso de María ha seguido comiendo cosas con la mirada. ¡Mira que el doctor le dijo que no se lo recomendaba!: "Vas a reventar como un aguaviva en la playa".







Lo siento, pero las ranas me han succionado el cerebro y me lo han dejado seco. Esto es lo mejor que puedo escribir, sin ningún sentido lógico aparente, diciendolo todo por decir.




( Pinchando en la imagen te lleva directamente a la página del autor )


3 comentarios:

seo dijo...

pues para decir por decir a mi me ha gustado.muchas vecs lo qe escribs sin pensar es mejor quelo que intentas hacer con intención y qu aun epues de revisado no consigues que quede bien

un beso niña

K* dijo...

El bolso de María debe estar harto de quesos tiernos, patillas, ordenadores, orejas dilatadas...
Esperemos que los que han ido llenando recojan sus pertenencias y metan algo... real, consistente y pesado.
No, no me refiero a escaleras. Esas pueden pirarse a otro bolso.

Comer miradas, hasta ahora, no suele dar indigestión. Lo malo llega una vez que te obsesionas con una en particular.
Quién nos mandaría.

miguel verchili dijo...

El bolso de María es un bello lugar con infinidad de objetos y sujetos, miradas y mirones, trucos y tratos, alegorías y alegrías... y tal vez un pintalabios.
Pero si alguien lo roba puede que no encuentre nada.