- Esta es una ciudad para enamorarse, ¿verdad?
- Sí, pero para enamorarse ahora, cuando aún tenemos tiempo para disfrutarlo.

Como el agua, así llegué hasta aquí. Y te digo Catalina, y te miento mientras lo hago, que no volveré a escuchar esas canciones que hablan de ciudades. Esas canciones infantiloides de adolescentes que dicen sufrir y luchar. Luchar y sufrir con un nombre adictivo. Y no me haré pequeña otra vez, por dentro.
¿Cuándo, preciosa? ¿Cuándo te enterarás?
Pum, silencio.
"¡Mierda para ti! ¡Para todos!", dijo la que en su vida había librado una batalla.
Abriendo los ojos y guardando aliento. Todo parece nada. Sin sentido ni ritmo. Dime, ¿qué tienes ahí? Si estando tan cerca me empeño en no sentir tu peso. Ya lo veo lejos aquí, rozándote con mi pelo. Tú tan claro. Inamovible. Y ya me veo, pasado mañana, con el brazo torcido y el estómago revuelto.
Estirando el oasis escucho. Pum, silencio.
Y si al final escuece, pues escuece y ya está.
- Sí, pero para enamorarse ahora, cuando aún tenemos tiempo para disfrutarlo.

Como el agua, así llegué hasta aquí. Y te digo Catalina, y te miento mientras lo hago, que no volveré a escuchar esas canciones que hablan de ciudades. Esas canciones infantiloides de adolescentes que dicen sufrir y luchar. Luchar y sufrir con un nombre adictivo. Y no me haré pequeña otra vez, por dentro.
¿Cuándo, preciosa? ¿Cuándo te enterarás?
Pum, silencio.
"¡Mierda para ti! ¡Para todos!", dijo la que en su vida había librado una batalla.
Abriendo los ojos y guardando aliento. Todo parece nada. Sin sentido ni ritmo. Dime, ¿qué tienes ahí? Si estando tan cerca me empeño en no sentir tu peso. Ya lo veo lejos aquí, rozándote con mi pelo. Tú tan claro. Inamovible. Y ya me veo, pasado mañana, con el brazo torcido y el estómago revuelto.
Estirando el oasis escucho. Pum, silencio.
Y si al final escuece, pues escuece y ya está.